Las momias conservadas en San Andrés, como otras muchas descubiertas en Toledo (Sanchito, San Román, en la Iglesia de San Cipriano…) son momias de generación por procesos naturales. Estas momias no tienen un proceso artificial de embalsamamiento, aunque sí conservan tejidos (piel) que impiden la esqueletización. Las vísceras y tejidos más blandos (como los ojos) sí desaparecen facilitando las muecas y gesticulaciones que nos recuerdan a dolor y terror, facilitando la aparición de numerosas leyendas y narraciones por el aspecto de las momias.
Muy próxima a esta iglesia hay ciertos topónimos que refuerzan la presencia de lugares de enterramiento, como por ejemplo el “Callejón de los Muertos” que rodea por la parte trasera a la Iglesia de San Andrés, que contiene las momias.
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