Dicen que aquellos lugares donde en algún momento hubo dolor y sufrimiento son «ideales» para que las almas, una vez la vida humana ha finalizado, campen a sus anchas hasta resolver los asuntos pendientes. Quizá eso fue lo que pasó con la Dama de Rosa del antiguo Hospital La Cigüeña. O quizá simplemente es otra leyenda urbana..
El trabajo de José Antonio era bien sencillo. Era el encargado de ir cerrando las ventanas de los despachos y comprobar que ningún funcionario se hubiera dejado alguna luz encendida antes de abandonar el recinto. Entre sus costumbres estaba la de hacer la ronda a oscuras, alumbrándose solo con una linterna, ya que de esa forma veía mejor si algún ordenador, fax o fotocopiadora se habían quedado encendidos.
Fue en su ronda de aquella noche, mientras paseaba por la tercera planta, cuando sintió como si algo se le echase encima. Fue una especie de sensación, como una fuerza, algo sólido. Y aquello le sucedió al menos dos veces más.
Aterrorizado, acudió inmediatamente donde hubiera luz, e intentó tranquilizarse buscando una explicación que justificara aquella experiencia. De repente oyó como el ascensor se ponía en marcha y paraba en la sala de recepción, donde él se hallaba. La puerta se abrió y ¿qué encontró? Nada. José Antonio salió del edificio y esperó en la puerta hasta que amaneciera y llegase su relevo.
Cuando terminó y era la única persona dentro de las instalaciones, empezó a escuchas unos que provenían de lo que supuso era la tercera o cuarta planta. Los golpes eran fuertes y parecían intencionados, como reclamando su atención, pero con el miedo y sabedor de que debía estar allí toda la noche, decidió sumergirse en la lectura de un libro, aunque no era capaz de evitar mirar cada cierto tiempo hacia el ascensor.
Pero la experiencia más aterradora aún no había tenido lugar. Una noche, cuando todos se habían marchado y habiendo realizado ya la ronda, se volvieron producir los golpes pero esta vez acompañados de lo que parecían ser “llantos de niño”. Si este no era motivo suficiente como para tener un miedo considerable, lo que vería acto seguido le dejaría pálido. Vio deslizarse por las escaleras, momentos después, lo que parecía una sombra cuasi antropomorfa que se dirigía hacia él. El aspecto de aquello era como una nube muy concentrada y según su testimonio, aquello “era una cosa inteligente”.
Cuál sería la sorpresa de José Antonio cuando, a la mañana siguiente contó lo sucedido a Paco, su compañero de mantenimiento, y éste aseguro a nuestro protagonista que no había sido el único en padecer aquel fenómeno, ya que él mismo había tenido algún encuentro con esta “entidad” y también un Conseller.
La historia de Paco también era aterradora. Una noche decidió quedarse después de su hora habitual a terminar una pequeña maqueta de avión en la que estaba trabajando,ya que en su casa los niños y los deberes domésticos se lo impedían. El absoluto silencio en aquel edificio tras la marcha de los trabajadores lo convertía en el lugar ideal para realizar labores que necesitasen de gran concentración.
Fue entonces cuando comenzó a oír como si alguien en el piso inmediatamente superior caminara con lo que parecían ser unos zapatos de tacón. Subió y sólo pudo comprobar que allí no había nadie. De vuelta a su puesto de trabajo, vio que sus instrumentos de montaje se encontraban en el lado opuesto a donde él solía ponerlos. Nadie podía haber movido aquello.
José Antonio se despidió a los pocos días de aquellos hechos, aunque la empresa de seguridad Protecsa, en la cual trabajaba intentó evitarlo, reconociendo que no era él el único vigilante que había pasado por sucesos paranormales en la Consellería,. Otros compañeros ya habían escuchado el lamento infantil y a ver la “sombra”. Evidentemente la empresa lo negó de forma pública.
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